Descripción

Este patio se encuentra situado en la calle del Cristo de la Luz, 12

En 1776 se describe la calle dividida en dos tramos separados por la puerta de Valmardón, llamándose al sector alto “cuesta de la Penitencia” y pasado el arco de Valmardón se denominaba a la “calle que baja al Arrabal, desde el Arco Cristo de la Luz”. Sin embargo, en 1864 se unificaron ambas partes, como “cuesta” única del Cristo de la Luz. Hoy se llama calle al conjunto de ambas.

Es uno de los accesos más primitivos desde el Norte a la ciudad, siendo el nombre que hoy lleva relativamente moderno. Los primeros datos de esta calle se remontan a 1156, en unos documentos mozárabes, cuando hace referencia a la puerta de herradura de Valmardón, Bi-al-Mardóm, Mayordomo o Mayoriano, palabra no árabe. Se la sigue conociendo con el mismo nombre en 1221; pero la instauración de la iglesia de Santa Cruz por el arzobispo don Gonzalo Pérez, “a instancias del Rey” y cedida en 1186, a favor de la orden de San Juan de Malta, aprovechando la mezquita existente que estaba allí desde el año 999, da que se cite al paraje como “barrio de la Cruz”, “Puerta de la Cruz” o “calle que pasa por la ermita de la Cruz”.

Así se llama todavía a finales del siglo XVI y a principios del XVII. Vemos entonces, que el crucifijo que la denomina ya era famoso desde el siglo XII al menos, y que se conserva en el Museo de Santa Cruz. Junto a este Crucificado, soporte de varias poéticas leyendas, se veneraba también desde 1611 una imagen mariana, de paradero desconocido. (Fuente: Historia de las Calles de Toledo).

Esta calle, más abajo nos deja justo a la entrada de la Mezquita del Cristo de la Luz, lugar donde la tradición toledana nos relata una leyenda basada en la época de la Reconquista:

El Cristo de la Luz“Su odio llegó a tal extremo que idearon un plan diabólico: untar con un potentísimo veneno los pies del Cristo, y como era costumbre de los cristianos rezarle, pedirle un favor y después besarle los pies para alcanzar la concesión de la súplica, creyeron que con su acción lograrían un doble propósito: matar a un número indeterminado de cristianos y que estos llegasen a aborrecer a la hasta el momento venerada imagen, tambaleándose su fe. Así que pusieron en ejecución su malvado designio aprovechando la soledad de la iglesia y la oscuridad de una noche de luna nueva. Sin embargo obtuvieron como resultado todo lo contrario del plan ideado, porque ocurrió que, a la mañana siguiente, cuando la primera devota llegó a rezar ante el Cristo y después intentó besar, como de costumbre, sus pies, se produjo el milagro: el Cristo retiró el pie, desclavándolo de la cruz, permitiendo que los labios de la mujer llegasen a rozarle. El estupor aumentó cuando el mismo hecho se repitió una serie de veces y con distintas personas”.

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